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Lo que la Piedra Recuerda (La Sangre de Tharsis nº 3)

Lo que la Piedra recuerda (La Sangre de Tharsis · Libro III) Arhan ha dejado atrás Tharsis, pero no el fuego. Tras la muerte de Orthon y Meira, la desaparición de Bras y la huida de los hombres de Khadur, el muchacho abandona las puertas del norte junto a Hessur el Gris, sin confiar en […]

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AtlántidaTharsis

Sinopsis y detalles

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Lo que la Piedra recuerda

(La Sangre de Tharsis · Libro III)

Arhan ha dejado atrás Tharsis, pero no el fuego. Tras la muerte de Orthon y Meira, la desaparición de Bras y la huida de los hombres de Khadur, el muchacho abandona las puertas del norte junto a Hessur el Gris, sin confiar en él y sin aceptar todavía que su vida pertenece a una trama mucho más antigua que su propia sangre.

El camino lo lleva hacia las tierras de la Casa Naur, donde las ciudades huelen a piedra húmeda, hierro frío y sacrificio viejo. Allí, lejos del ruido de la capital, Arhan contempla por primera vez Tharsis desde fuera y descubre la forma circular de sus murallas, reflejo de una herida más antigua: Argantia, la isla hundida de los atlantes, cuya caída sigue latiendo bajo la memoria de todos los pueblos de Occidente.

Entre colinas, niebla y antiguos caminos del norte, Hessur conduce a Arhan hasta su primer dolmen. Lo que allí ocurre no se parece a los relatos de los sacerdotes ni a las fábulas del arrabal. No hay luces gloriosas ni dioses descendiendo del cielo. Solo una mano sobre la piedra, un pulso lento bajo la tierra y la certeza perturbadora de que algo muy antiguo lo reconoce.

En Nabrissa, ciudad circular más antigua y severa que Tharsis, Arhan conoce a Velra Naur, matriarca de una casa que no ofrece ternura ni promesas. Velra no ve en él a un muchacho roto por el dolor, sino a una criatura valiosa, peligrosa y quizá necesaria. Mientras Hessur y Velra negocian su destino como si él fuera una pieza sobre una mesa de piedra, Arhan comprende que su nombre, su sangre y sus sueños pueden atraer a enemigos mucho peores que los asesinos de la noche del fuego.

Pero Velra necesita saber más. Sola en el santuario de los dólmenes de Nabrissa, abre su palma y entrega sangre a la piedra para confirmar lo que teme. La magia no es bella ni piadosa: exige coste, silencio y obediencia. Lo que la piedra le muestra la perturba lo suficiente como para callarlo incluso ante Hessur.

Arhan sigue sin saber quién es. Pero las piedras empiezan a recordarlo.

Y cuando la piedra recuerda, los hombres prudentes aprenden a tener miedo.

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